No creía en los rescates. Siempre los vi como signo de debilidad, como facaso, como todo aquello que no debía hacer conmigo misma. Un día me encontre llorando el alma y me di cuenta de que llevaba la vida haciendo lo mismo así que levanté el teléfono y la llamé. Al otro día pasé a buscar el rescate hecho flores: creo que algo en el mundo cambió ese día.
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